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Se guisaba parte de la carne del macho cabrío con patatas en
un gran caldero (a veces dos) de cobre de grandes dimensiones
que se colocaba en el centro del local (salón de baile). (Se
cuenta que antiguamente se cocinaba dentro del ayuntamiento,
sin ninguna ventilación, por lo que el humo llenaba la estancia
y hacía casi del todo imposible disfrutar de la cena).
Cada mozo debía llevar pan, cuchara y tenedor, y bota si quería beber,
siendo el vino a cuenta de la organización. Se hacía un círculo
alrededor del caldero, y se esperaban las órdenes del alcalde para
proceder a cenar. Si el alcalde decía: "Blanca (que era patata) por
la derecha y con cuchara" o "Negra (que era carne) con tenedor
por la izquierda", cada mozo tenía que coger lo que se indicaba, uno
detrás de otro, sin juntarse ni dar la espalda al caldero. Otras veces el
alcalde ordenaba: "Caldo" o "Blanca con cuchara
vuelta". En todo caso, siempre se debía estar atento a la orden del
alcalde y ningún componente podía desobedecerle. En caso contrario,
pagaba una pequeña multa, y si a alguno se le caía al suelo un trozo de
pan o carne o patata dentro del círculo o frente a otro componente, éste
podía pedir permiso al alcalde para denunciarle y conseguir que se le
sancionara. Si el percance ocurría entremedias de dos componentes, la
sanción era doble.
Este acto requería un máximo de silencio; cuando se quería hablar
siempre había que solicitar permiso al alcalde, diciento: "¿Me da
usted permiso para hablar?". Si el alcalde lo autorizaba, se podía
hablar; si no, se tenía que hacer por señas y con ruidos, pero sin abrir
la boca.
Era una cena de lo más humorística, por lo que el alcalde siempre era
elegido por su gran sentido del humor. Podía y ponía multas por las
cosas más disparatadas: por hablar, coger blanca o negra fuera de lugar,
llevar las albarcas sucias, estar mal afeitado, ser muy señorito, por una
denuncia a un compañero... En fin, por cualquier cosa que se le ocurriera
en ese momento. Y las multas eran dinero o algún turno sin comer. Lo que
se recaudaba se destinaba para compensación de gastos, o para organizar
otras fiestas y meriendas.
Una vez terminada la cena, los mozos que asignaba el alcalde -que casi
siempre eran los más jóvenes- limpiaban el salón para dar paso al baile
con las mozas, que duraba hasta la una y media de la noche.
Una vez que se acababa el baile se volvía a sacar la rondalla con todos
los componentes para felicitar las fiestas a las autoridades. Por último,
el alcalde comunicaba a la hora que se tenían que reunir al día
siguiente, siempre siguiendo el reloj instalado en el edificio del
ayuntamiento, pagando una multa el que no asistía o llegaba tarde. Como
anécdota, siempre había algún listillo que adelantaba las manecillas
del reloj para que se retrasaran las mayor parte posible de mozos y
tuvieran que pagar la consabida multa.
Para el 7 de enero, último día, se organizaba por la tarde un baile de
disfraces amenizado por la rondalla."
Miguel
San Miguel Buchó
y Gabino Domingo
Membrillera, 30 de enero 1998
Texto íntegro, publicado en la Revista BORNOVA (nº15 - Junio, 98)
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