EL BOTARGA
PREGONO EL CARNAVAL
“Las fechas del calendario nos han venido a
anunciar, entre nevadas y fríos, que estamos en Carnaval”. Con estas palabras
se arrancaba el pregonero del Carnaval de este año, un personaje que detrás de
la máscara no pierde su identidad, pues con ella es reconocido y por ella
homenajeado con el encargo de pregonar esta fiesta. Se trataba (y este año sí
que la incógnita se mantuvo hasta el final), de Félix Mejía, la máscara más
veterana de Guadalajara como botarga de Montarrón.
El Ayuntamiento de
Guadalajara, con el grupo de
Mascarones de la ciudad, decidían nombrarle pregonero 2009, coincidiendo con el
aniversario de sus 50 años como botraga. Se vistió por primera vez el traje
cuando sólo tenía 25, y desde entonces ha defendido el valor de la máscara
hasta el punto que la imagen del botarga de Montarrón es icono turístico de la
provincia.
El traje de esta botarga pertenece al
Ayuntamiento, pero Félix lleva sus propios calcetines de lana de oveja,
confeccionados por su mujer y las alpargatas que le regaló un amigo en Hita, a
cuyo festival ha acudido durante cuarenta años, al igual que a todas las
manifestaciones del folklore tradicional. Cuenta en su haber con numerosos
premios y reconocimientos, aunque hay uno por el que siente especial cariño, y
es que el pueblo de Montarrón le dedicó una calle con su nombre, calle del botarga Félix Mejía.
Y Félix Mejía pregonó, en la tarde del viernes,
desde la Plaza de los Caídos, con derecho y sentimiento, y recordó que la
fiesta de la botarga, en el ancestro histórico era la fiesta del color, de los
vaquillones, de las botargas y los diablos que hoy se funde en el Carnaval de
la capital. “Y os doy un buen consejo, arreglar la crisis prestos, que estamos
en Carnaval y lo vamos a disfrutar”, concluía el botarga, ahora vestido con la
capa castellana y con una máscara prestada, que no era la suya de cara de
demonio, a la que se le canta aquello de “botarga la larga, cascaruleta, mata
las pulgas con una escopeta”.
A modo de apuntador, el alcalde de Guadalajara,
Antonio Román, remató el pregón que tan bien había servido Mejía. “Espero que
un año más Guadalajara vuelva a mostrar su buen humor, su creatividad y su
imaginación”, decía el alcalde, quien reconocía a los vecinos como “los
auténticos protagonistas, pues la fiesta necesita de vosotros”.
Un ¡viva al Carnaval!,
sirvió como pistoletazo de salida para que cencerros, cascabeles de campanillas
de los botargas y danzantes de toda la provincia, concentrados en el acto,
rindieran su particular homenaje al veterano maestro pregonero, y comenzara la
fiesta.
De toda la provincia:
Uno a uno, los botargas y
las botargas fueron llamados al escenario al nombre de sus pueblos y de sus
fiestas. Arbancón, Fuencemillán, Humanes, Málaga del Fresno, Mazuecos,
Montarrón, Peñalver, Razbona, Robledillo y así hasta llegar a la botarga de
Taragudo, que por primera vez este año se incorporaba al desfile, pero esta
botarga no pudo subir al escenario, pues es un gigante con armazón de madera y
la rampa resultaba peligrosa.
Luego siguieron subiendo las botargas de
Mohernando, Hita, Majaelrayo, los chocolateros de Cogolludo, la botarga
infantil de Robledillo, los danzantes de Albalate, los diablos de Luzón,
Almiruete (cuya botarga cumple 25 años desde su recuperación), los vaquillones
de Robledillo, las
vaquillas de
Membrillera,
los vaquillones de Villares y para terminar, Guadalajara capital, con su grupo
de Mascarones.
Cientos de personas aplaudían la actuación de las
botargas, cuando empezó a sonar el al higuí y los concejales se tuvieron que
esforzar para comer el higo que pendía del palo. “Al higuí, al higuí, con la
mano no, con la boca sí”. Al que mejor se le dio fue a Alfonso Esteban, que
como un señor, se merendó el higo sin tocarlos con las manos, a golpe de
carrillom mientras que al concejal de izquierda Unida, José Luis Maximiliano,
le tiznaban la cara los diablos luzones.
El ruido y los colores marcharon por la calle
Mayor y la sombras de las botargas arropó la magia
guardada de unos disfraces, cuyo secreto se desvelará mañana. A mí la fiesta se
me encogió en el alma, porque me faltaba un mascarón, el grande de Borobia.
Fuente: guadaque.com
Sábado, 21 de
Febrero de 2009